"Tengo desgaste, así que mejor no camino." Es la conclusión más lógica… y la más equivocada. La evidencia científica es contundente: en la artrosis de rodilla, el ejercicio terapéutico reduce el dolor con mayor efecto sostenido que los antiinflamatorios.
El cartílago se alimenta del movimiento
El cartílago no tiene vasos sanguíneos: se nutre del líquido sinovial, que circula precisamente cuando la articulación se mueve y se carga. La inactividad lo desnutre; el movimiento dosificado lo mantiene.
"Desgaste" no es sentencia
La correlación entre lo que muestra la radiografía y el dolor real es sorprendentemente baja: hay rodillas con artrosis severa en imagen y sin dolor, y rodillas casi normales con dolor invalidante. El dolor depende mucho más de la fuerza muscular, el peso corporal y el nivel de actividad que de la imagen.
El programa que funciona
- Fortalecimiento de cuádriceps y glúteos: el amortiguador natural de la rodilla. Sentadillas asistidas a la silla, prensas de pared, subidas de escalón.
- Movilidad diaria: flexo-extensión suave, bicicleta estática si está disponible.
- Dosis de caminata: caminar SÍ, pero en dosis progresivas (mejor 3 caminatas de 15 minutos que una de 45 si hay dolor).
- Control de peso: cada kilo menos son 3-4 kilos menos de carga por paso en la rodilla.
"La rodilla con artrosis no pide reposo: pide músculos más fuertes que la protejan."
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¿Le interesa aplicar estos conceptos en su recuperación?
Nuestros especialistas integran esta evidencia clínica en cada plan de tratamiento personalizado.